6/01/2014

No suele pasarme, eso de preguntarme por qué estamos tan vacíos.
Normalmente lo asumo y sigo manteniéndome ocupada, tratando de olvidar que somos nada. Que soy nada. Y ni con esas dejamos de creernos los mejores. Superiores; puto humano egoísta, a veces me avergüenzo de ser tú. Y de que llamemos débiles a los que nos mantienen aquí impunes y a salvo, que nos compadezcamos de ellos mientras no hacemos nada por ayudarles. Jodida impotencia a la que estamos sometidos y seguimos fingiendo que algún día haremos algo, que actuaremos y que el mundo cambiará, ya sea con el movimiento del dinero o con nuestra propia bondad perdida, con ayuda de esa tecnología que empleamos para matar o por medio de la poesía.
Seguimos sentados mirando cómo nos destruimos poco a poco y sonreímos como imbéciles, como ciegos que no se dan cuenta de que se desnudan humillados estando solos.
Puto ser humano. Cómo me avergüenzo de mi.

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