8/01/2015

Y comieron perdices.

El enorme reloj colgado de la pared de mi despacho marca las cinco menos cuarto. Bueno, para quince minutos que me quedan, salgo a fumar otro cigarro y espero hasta mi hora. Nunca nadie se da cuenta así que qué más da. Además, el otro día lo hizo Marina. La rubia esa polioperada. Seguro que es la típica madurita que se aferra a cualquier mindundi con coche y un chalet al lado de la playa. Recojo mis cosas sin hacer demasiado ruido y me dirijo a la salida, precavida.
Anda, pero si ella también sale. Como me toque bajar con ella en el ascensor...

- ¡Hombre, hola! ¿Qué tal está tu niña?

Mierda. Pues sí, baja conmigo.

- ¡Hola guapísima! Muy bien, estará saliendo ya del colegio. Qué notazas me ha sacado, eh. Ni un solo suspenso.
- Ay, cómo me alegro. La mía también lo ha aprobado todo. Y bueno, ahora que se ha apuntado al gimnasio se está poniendo monísima. Además de lista, guapa.
- ¿Gimnasio? Si solo tiene quince años.

Me mira vistiendo una enorme sonrisa.

- Pues por eso, ya entra en la edad de ligar.

Nos reímos un rato largo. Luego silencio. A ver si el ascensor llega ya.
Le cedo el paso a la salida. Ni me ha dado las gracias, qué maleducada. Y qué mal viste. Se le nota el tanga con esa falda tan ajustada. Menuda desconsiderada, viniendo a trabajar así.

- Bueno, pues nada. Te veo mañana. - Me da dos besos y se aleja hacia su coche. Adiós hija, adiós.

Qué ganas de llegar a casa y preparar la cena. Bueno, espero que Marco haya hecho la compra, sino va a estar complicado. Le telefonearé por si acaso. Cómo le echo de menos. No contesta. Estará trabajando todavía. Llamaré a mi hermana, que hace mucho que no sé de ella. Ay la pobre, los disgustos que le da mi sobrino. El otro día me contó que llegó con un tatuaje a casa. Los jóvenes cada día hacen más tonterías, y todo para qué. Para llamar la atención. Para sentirse importantes y destacar. Me gustaría verle ya adulto, a ver dónde consigue trabajo con esas pintas que lleva siempre. Pero bueno, que la culpa es de mi hermana. En esa casa nunca ha habido disciplina. Que si el niño tiene depresión y por eso no va al colegio. Tu padre se marchó hace años, asúmelo ya y ponte las pilas. Ponte a estudiar y a ayudar a tu madre, que no haces nada. Se pasan el día pensando en sí mismos. Con las novias y la fiesta. Y encima se excusan. Ay, este mundo, que se va a pique. Menos mal que mi hija no es así.

- ¡Ya estoy en casa! - Cierro la puerta con fuerza, para que sepan que he llegado. Qué. ¿No hay nadie? - ¿Marco? ¡Marco! ¿Qué haces ahí tirado? ¿No has ido a la compra? Mira que te dije que necesitaba los tomates. ¿Ahora qué hago yo de cena?
- Deja de gritar. Sí he ido, está todo guardado ya. - Ni aparta la mirada del televisor. Es que les consume el fútbol. Si luego no hace nada, ni sale a correr. Para qué pasar tanto tiempo mirando deportes.
- ¿Y la niña? ¿Dónde está?
- En su habitación, supongo.

¿Y no baja a saludar? Aquí las cosas van a empezar a cambiar. Subo hasta su cuarto y entro bruscamente. Que se note que no estoy contenta con ella.

- ¡Mamá, qué haces!
- Ay cariño, perdona. Pensaba que estabas sola.

¿Y cómo no me avisa Marco de que está con su clase de piano? Cierro la puerta de nuevo, con suavidad. Qué mono es ese niño. Aunque un poco tímido, nunca saluda, el pobre. Pero se le ve con talento. Sabe tocar cualquier instrumento. Yo es que no sé cómo lo hace mi hija para rendir tan bien, es que no para. El colegio, la música, las clases de natación... Podría tomar ejemplo la niña de Marina. Gimnasio. Pf. Qué niña de quince años se apunta a un gimnasio. Pues nada, a preparar la cena. Qué cansancio. Me voy a sentar un rato. Aquí, en la cocina. Mejor me fumo otro cigarro. Ay, silencio. Qué bien se está. Realmente soy afortunada por tener una familia como esta. Un marido que cuida de la casa y trabaja al mismo tiempo. Seguro que cuando mi sobrino se case no hará la compra, como Marco. Seguro que se pasará el día mirando la tele y hablando mal a su mujer. En verdad me da pena. Mi niña no acabará así. Ella llegará lejos. Será la directora de una gran empresa. Una mujer emprendedora. Que es lo que necesita este mundo. Independiente y trabajadora. Como su madre. Realmente lo he hecho bien. Qué áspero tengo el pelo... debería cuidarlo más... uy, ¿y esta cana? Realmente lo he hecho bien. He construido un hogar. Y qué bien sienta formar parte de él. Recuerdo cuando era pequeña y soñaba con casarme. Y ahora estoy aquí. Qué rápido pasa el tiempo... Se oye el partido de fútbol desde aquí. ¿Es que no piensa levantarse para ayudarme? Ay, el tic tac del reloj. Me encanta ese sonido. Es capaz de envolver todo lo demás. Ni el abucheo de la televisión logra callarlo. Tic, tac, tic, tac... qué paz. Y ahora, ¿qué hace la vecina gritando? Seguro que está discutiendo con el novio. Se pasan la vida igual. Voy a salir al jardín, a ver si desde ahí lo escucho mejor.

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