9/20/2013

Te lo dije.

Sé que no me vas a entender. Puede que nunca consigas hacerlo. No porque no seas capaz, sino porque yo no lo soy. Simplemente no puedo. No puedo. No sé cómo hacerte ver lo miserable que soy. Que nunca sonrío porque sí, que no soy buena. Y sé que haga lo que haga o te diga lo que te diga, me vas a callar y me vas a querer repetir una y otra vez que soy suficiente, que me quieres y que merezco la pena.
Intentaré explicártelo de otra forma.
Sabes de antemano que no soy una persona... sencilla. Soy simple en muchos aspectos: dame un abrazo, de estos enormes que te envuelven y te dan calor; deja que ponga la música que me gusta, deja que salte al ritmo de la canción y no me mires mal por ello; emociónate conmigo al leer poesía; llora conmigo al ver una película. Sé sincero conmigo, demuéstrame que no te ríes por compromiso, que de verdad te gusta mi compañía. Y seré feliz. ¿Lo entiendes? En el fondo no es algo complicado ni misterioso. Precisamente encontrar detalles tan bonitos sin buscarlos es lo que me empuja a seguir. Y más aún, las personas que lo hacen posible.
Sin embargo, aunque en esos momentos puntuales pueda sentir una sensación embriagadora, algo bueno, como un cosquilleo que recorre cada extremo de mi cuerpo, y un vuelco en el corazón, un solo latido, fuerte; un suspiro; los ojos cerrándose solos, una sonrisa que se dibuja sin querer... no soy capaz de ser feliz. Sí, eso me gusta, y me hace sentir bien. Pero nunca será algo pleno, y habrá algo que falta. Con esto no pretendo decirte que me falta alguien a quien amar, o querer. Alguien que me haga sentir "lo que tú no me haces sentir", porque no es así. No me malinterpretes cuando te digo que mi interior nunca estará satisfecho consigo mismo, que no es algo de los demás ni de ti, sino de mí.
¿Y qué queda cuando las personas que me ofrecen esos instantes que llenan por completo mi vida... simplemente no están? No porque se hayan ido, o porque me haya ido yo. Da igual que esté rodeada de millones de personas. Todas las sensaciones buenas que pueda experimentar, multiplicadas por dos y por parte de todo ser viviente, se convierten en polvo cuando me doy cuenta de lo sola que estoy en realidad. Todos estamos solos, todos somos un conjunto de huesos que tarde o temprano desaparecerá, y se quedará en el olvido con el paso de los años. Pero no es esa clase de soledad. Es algo positivo para los demás, porque el estar sola implica no hacer daño al resto. Y eso me da fuerzas, me provoca bienestar. Por eso, de una forma u otra, estar sola es lo que me daña, pero es lo que más me puede ayudar.
No soy buena. Siempre lo he pensado, incluso cuando hacía un esfuerzo por mejorar. Incluso cuando era pequeña. He crecido convencida de una sola cosa: no valgo más que nadie, no soy mejor que nadie, no soy más especial que nadie. Tanto, que ahora mismo pienso algo bastante diferente: no soy nadie. Ni siquiera puedo compararme con la basura. Por favor, no lo llames autoestima baja. Es pura realidad.
Lo sé, sé que ahora mismo estás pensando "menuda imbécil"; no espero que lo comprendas, a veces ni yo misma me entiendo. Solo intento hacerte ver cómo me siento de verdad.
Si debe haber una certeza en mi cabeza, existe y solo es una. Esa clase de certeza está en el interior de todo el mundo, o al menos eso creo. Todos nos sentimos mal alguna vez  y de vez en cuando pensamos que no valemos lo suficiente. Pues bien, esa idea me come por dentro, se apodera de mi mente y controla mis impulsos. Llámalo ira si quieres; rabia; dolor, en el más estricto sentido de la palabra. Ni siquiera sé explicarlo. Ni siquiera sé ponerle nombre. A lo largo de los años, las personas más cercanas a mí, las que han podido verme... así, lo han denominado desequilibrio. Y mentiría si te dijese que no les di la razón alguna vez en silencio.
Lo que quiero decir es que no me gustaría volver a pasar por aquello, porque no fue una experiencia personal agradable. Ya no hablo por los demás, sino por mí. No me gustaba estar disgustada constantemente, no me gustaba obligar a los demás a que se esforzasen por mi culpa, a que tuviesen que medir sus palabras para que yo no me enfadara, a que tuvieran que alejarse por mi propio bien. No me gustaba pensar que mis propios padres no me querían, no me querían con ellos, y menos aún de esa forma. Lo mismo se puede aplicar al resto de mis seres queridos. Solo sabía estorbar, hacer daño aposta, sentir alivio cuando mi pareja o mi mejor amigo lloraba por mi culpa. No sentir culpabilidad, ni el menor remordimiento, por nada ni por nadie. Peor que el hielo. Peor que todo.
No me siento orgullosa de mí misma, ni antes ni ahora. Y aún así espero... de alguna forma... cambiar. Continuar cambiando y ayudarme. Y sé que puedo afirmar con total seguridad, y puedo saber perfectamente qué necesito, y es lo que te he explicado tantas veces. Y es no molestar, no estorbar, no hacer daño, no estar. En aquella época no me sentía sola. Eso es lo que más me duele al recordar.
Todavía intento entender algo de lo que he escrito, pero soy consciente de que carece de sentido y coherencia. Solo espero haber aclarado, aunque sea algo, que no soy la persona que crees. No te merezco, no debo estar en ese puesto, no debo importarte, y no debes quererme. Porque no es bueno para ti, porque es demasiado para mí. Es algo injusto. Me siento impotente y furiosa al imaginarte queriéndome, porque no soy capaz de verlo. No soy capaz de entender por qué nadie podría apreciarme. Y menos aún por parte de una persona tan increíble como tú.
Solo debemos compararnos para que te des cuenta. Tienes una bondad que te sobrepasa, al menos conmigo; eres fuerte, inteligente, maduro en muchos aspectos, alegre, aunque seguramente lo pases peor que yo y aún así sepas aprovechar cada oportunidad que se te presenta, esforzándote, ayudándome, ofreciéndome un apoyo incondicional que claramente no merezco, y no sé... mirándome de esa forma tan especial, como si yo lo fuese; buscando y rebuscando algo positivo en mí solo porque quieres verme sonreír. Es algo... Dios. Que no sé expresarlo con palabras. Como cuando me enseñas ilusionado canciones que te recuerdan momentos, personas, que te provocan sensaciones, que te ayudan a provocarlas a los demás; como cuando te distraes enseguida con las personas que pasan a nuestro lado, comentando tonterías en las que nadie más se fijaría; como cuando te pones nervioso porque los demás hacemos las cosas de una manera distinta a la tuya, e insistes en que esto es así y eso es asá; como cuando tu expresión es la misma al verme con o sin maquillaje, arreglada o en pijama, enfadada o contenta, tu mirada expresa el mismo cariño de siempre y eso me rebasa. Es que son tantas cosas que podría pasarme la vida tratando de explicar el por qué de lo que siento y continúo sin conseguirlo y haciéndolo fatal.
¿Esperas que no me sienta insignificante teniendo todo esto y mucho más en cuenta?
Y es por esto por lo que me enfado conmigo misma, por lo que no entiendo nada: por qué yo. Por qué yo siendo tú.
Lo peor es que no habrá servido para nada hacer el ridículo y confesar toda esta parrafada, porque sé que tu opinión sobre mí no va a cambiar tan fácilmente. Pero tengo la certeza de que algún día podré decir... "te lo dije". Ya puedes regañarme por enésima vez y quitarme la razón. Por desgracia, nunca estaremos de acuerdo. ¿A que no?

No hay comentarios:

Publicar un comentario