6/26/2014

Pizarnik.


Aunque no hayas comido ni hayas pasado por el baño en días; aunque en el fondo te mueras por mover tus piernas y coger un pañuelo limpio, una camiseta distinta que huela bien, agua para las heridas, agua para beber. Aunque no desees morir, continúas matándote, aun creyendo que es una voz interna, independiente de ti, la que te obliga. Literalmente, no tienes fuerzas para mantenerte en pie por tu propia cuenta, porque en el momento en el que te metes en la cama para rendirte una vez más eres un trapo viejo y sucio que vale menos que nada. Te alimentas de humo y suciedad mientras te desahogas escupiendo la debilidad y la poca ansiedad que queda, pensando siempre en la misma negatividad, el mismo color, hartándote de ti, de respirar con dificultad el veneno que transmite tu insana cabeza. Mente rota que solo te deja escribir sobre hielo y sangre. Cómo puedes ser una persona tan horrible, dividiendo tu trastorno en dos y continuando en la escena para actuar.

 

Yo también he nacido en forma de signo de interrogación y no hago más que culparme por ello. También visto un traje de vidrio cuando no soy un trozo de humo solidificado. También siento tristeza por mi tristeza, y veo que todo está bien, menos yo. Hablando el lenguaje de las palabras muertas, aspirando con gusto la fragancia del tabaco, de café y de sol. Yo también soy una de esas personas inmorales, demasiado sensibles a las que nadie entiende, inmortales que se convierten en polvo al fin y al cabo. Tonos grises de los que los armarios se quieren deshacer. Solos.
 
Ojalá nunca te hubieses ido.

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