- Cuando estás colocado, fumarse un cigarrillo equivale a fumarse la cajetilla entera.
- ¿Y eso por qué?
- Porque se hace eterno.
Otra calada y el cigarrillo aún seguía por la mitad.
- Pues apágalo. Total.
Lo pensé un momento. Otra calada y se consumió casi del todo.
Lo apagué al lado de la ventana, poco convencida. Por aquel entonces tirar el tabaco era un insulto. Un derroche absurdo. Tan poco escaseaba la comida pero sí la droga. De hecho, la comida hasta abundaba desde mi punto de vista.
Y me gustaba que el suelo fuese una cinta para correr y los pelos de mis brazos gritaran.
Era bonito vaciar la mente de convicciones y prejuicios; era bonito flotar, y tener tiempo para poder escribir sobre todas las ideas que normalmente corrían la maratón por mi cabeza, sin que ahora se pudiese escapar ni una letra. El tiempo pesaba tantas toneladas que lo que fuese que manejara esas molestas agujas se debilitaba, y se obligaba a andar con más calma.
Me gustaba que se me secasen los labios de reír. Y pensar que las personas bellas no pueden apreciar objetivamente...
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