7/29/2014

El deber es el móvil de la rutina, aplastante y mortífera, de la que todos queremos salir y nos empeñamos en permanecer. Por qué sentirme culpable de disfrutar de mi libertad, como si fuese un don maligno. Como si no estuviésemos condenados a vivir; por qué quedarnos quietos, pasmados, para qué atarnos los unos a los otros y darnos la oportunidad por enésima vez de tener que soportarnos.
Por qué lo vemos como algo tan raro; vivir.
Vivir no tiene por qué ser un deber, no tendría que estar basado en normas y leyes. No tendría que existir ningún reloj. Ni ninguna prenda de ropa cuya finalidad no sea abrigar. No tendría que existir la frase "no conviene", ni siquiera la palabra "no".
Esto no es una carrera de maratón, es lo que tú quieres que sea.

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