Llevaba toda la vida demasiado metida en aprecio real. En amor. ¿En amor? O algo así. Algo parecido. No lo sé. Estaba cansada de amar. Estaba cansada de escribir. Me he convertido en uno de esos objetos que al perderse nadie echa de menos. Es justo lo que quería. A veces hasta me cuesta llorar. Aunque sigo siendo dependiente, y sin ser insensible. Me cuesta amar, me cuesta confiar, confío menos todavía que antes, menos que nunca. Pero aquí sigo. Sin que nadie me siga hasta el interior del túnel eterno. Mi mente sigue siendo una caja y mi cuerpo una jaula. Superficial, vertical.
Al recordar mis palabras internas, cuando me veía tan hundida, las promesas que no he dicho y que para mi sorpresa no sé cumplir. Me siento constantemente como Kurt Cobain al cantar Frances farmer will have her revenge on Seattle. Ya he olvidado el dolor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario