Húndete en mí.
Sígueme hasta esta jaula, renuncia a cualquier
salto, a tu futuro prometedor.
Convéncete de que aquí se respira bien, aquí abajo,
sin ti. Sin más que yo. Yo, yo, yo. Y cállate, cállate porque nadie te va a oír.
Que te llenes de mi sabor y no sepas apreciar otro, aunque sea mejor.
Engáñate.
Déjate llevar creyéndote libre cuando vuelas
acariciando el suelo.
Cuando te rompo y sientes que así te arreglo,
pegándote a mi sombra, formándola con la tuya. Conmigo y sin mí, pero solo
cuando yo lo diga. Y pídeme perdón, pídeme perdón, joder, que deberías entender
nuestro trastorno, mi miedo, mi exigencia.
Te prohíbo huir, aléjate y quédate por aquí. Por
este tremendo pesar. Chócate contra los muros que he creado, intenta deshacer
los nudos. Desenróscame, desmonta mis esquemas. Córtate las alas. Para salir
disparado de un bofetón, y volver corriendo, con ellas en la mano. Para volver
aquí abajo, sin memoria y sin rencor.
Húndete en mí, mientras cierro los ojos para que
nada haya pasado.
Defiéndeme siempre, practica de tu futuro
prometedor, ya que el mío no existe. Recibe mi ira como caricias, como música.
Recibe mis balas con el arma sin cargar.
Seguimos con los ojos tapados y los labios
entreabiertos, conmigo y sin mí, porque no sé estar de otra manera dentro del
túnel. Y que no, que no es tan reconfortante su olor, su comprensión, su
paciencia. Que es mejor no salir de aquí. No te olvides de mi sabor, mi ira, mi
cuchilla.
Por mucho que te empuje vas a tener que salvarme. Y
lo vas a hacer con tus propias manos, después de que las haya arañado, cuidándolas
bien para mi próximo juicio porque sin pruebas no hay delito.
Preciosa voz, diles que rompan mis cadenas. Diles
que te odio, que es mi manera de querer. Que no me acusen contra ti, no somos
la víctima ninguno de los dos, no soy yo, no soy yo, diles que a los locos no
se les señala con el dedo, que mi crimen ha sido desde el principio no tener
excusa por dejarte entrar.
Y ahora vuelve, vuelve al principio, adonde solía
apagarme, encendiendo cigarrillos, sentándote mientras se oían gritos. No me
abandones, no más pecados, no más secretos. Crearé una sonrisa con más piedras
de por medio, mantendré el control, te prometo que seguiré mintiendo. Que el
espacio hueco de mi pecho va a intentar no desilusionarte.
No me culpes, amor, quédate. Amor, no me culpes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario