6/02/2015

Hurt.

Tenías razón. No eres suficiente. Todavía no alcanzo a comprender por qué me he estado aferrando a un cadáver. Embistiéndolo, torturándolo. Lo he zarandeado viendo cómo se despedazaba y esperando, más ilusionada que nunca, a que se recompusiese solo y abriese la boca. Y sigo pecando de ingenua por querer enterrarlo de una manera digna. Por seguir esperando a que contestes, revisando los mensajes, las excusas, las promesas. Repasando todas tus miradas intentando encontrar la confusión, la paranoia. Repitiéndome una y otra vez, a lo largo del día, a lo largo de todos los días, que las cosas están así. Que no soy yo. Que son así. Y teniendo que gritármelo para autoconvencerme. Entregándote la bandeja sin que te lleves nada de ella; y aquí sigo, con la bandeja en las manos, ofreciéndosela a tu espalda. ¿Es que de verdad no quieres darte la vuelta?
Tenías razón, tendría que haberlo soltado hace mucho, muchísimo tiempo.  
Y qué estúpida ¿no? Por eso de haber creído en las palabras de un muerto. Por haber intentado oír silencio. 
¿Cómo te atreves a seguir llorando cuando me has tirado al suelo y he tenido que tirar de ti para poder moverme?
"No necesito a nadie para ser feliz. Me necesito a mí." Y no me tengo. Nos has perdido. Me has vaciado. Me has matado. Y ahora mismo rodearía tu cuello con mis dedos de una manera nada sexual, para que me siguieses queriendo como he hecho yo, mientras me asfixiabas y me respirabas. Robándome, aniquilándome. Has borrado la belleza de nuestra maldición.
¿Cómo te atreves a ser frío?
Y a ver adónde vas ahora. A ver quién más carga tu culpa y te besa con un cuchillo hundido en el cuello. Quién te querrá aun sin quererse a sí misma.
Por qué sigo sentada al lado de esta tumba abierta, rezando, rezando, suplicándote que respires.
Hijo de puta.
No pienso volver a amar así.

No hay comentarios:

Publicar un comentario