Apreté la piedra del mechero creyendo que así me regalaría fuego. Que iluminaría el pasillo del túnel mientras apagaba la luz.
Últimamente cometo faltas de ortografía.
Escribo más que leo. Ya no me gusta escribir. Ya no me molesta su silencio.
No he perdido la cabeza. Dejé de sentirla sobre mi cuello hace tiempo. Empiezo a pensar que nací sin ella.
Rompí una camiseta en la que ponía que siguiese intentándolo. Ni siquiera la uso de pijama, no la usaría ni para limpiar el polvo.
¿Soy la única que siente frío cuando el sol quema?
Ah, que no hay que apretarla, hay que hacerla girar. Ya funciona. Y el pasillo sigue a oscuras. Vale.
Ya no me gusta amar. ¿Evasión? Evasión.
Me evadía cuando apagaba todas las luces. Bajaba las persianas. Me escondía bajo la sábana. Sobre todo cuando tragaba saliva mientras los demás escupían.
Ya no me gusta esta sábana blanca. Reviso el móvil. Odio los móviles. Activo el sonido. Activo la vibración. Reinicio el móvil. Silencio el móvil. Activo el sonido. Rompo mi móvil. Rompo todas mis camisetas blancas.
Me estáis mintiendo todos. Hoy no es cuatro de junio. Estoy tiritando de frío. Vale.
Pero no me mientas tú.
También me evadía pensando. Dejar de pensar era esa meta a la que este sucio planeta llama felicidad. Y cómo odio tropezarme con esa verdad todos los días. Estas vanguardias tienen más lógica que nunca.
¿Alguna vez te has olvidado de ser?
Gracias a Dios ya no se me pasa por la cabeza amputarme los dedos por contar sílabas.
Te estás convirtiendo en mi inspiración y ni siquiera te conozco. Dejando de pensar me pongo a pensar en que me gustaría convertirme en los segundos que ocupan los espacios, las sílabas de alguien. Me gustaría acordarme de ser. Y volver a estar vacía de momentos. De tiempos. Llevo todo este tiempo pensando en el tiempo. "Mañana habré terminado esto. Antes de las doce del cuatro de junio habré terminado esto."
Últimamente no tengo sentido. Y siento más que nunca. Mi piel siente sin que la toquen. A lo mejor es porque me están tocando desde dentro. A lo mejor todas las personas consideradas raras amaron en otra vida.
Pero sí que se me pasa por la cabeza volver a morderme las uñas, ahora que habían conseguido crecer solas.
"¿Estás inspirada por la tarde? Qué raro, siempre te inspiras por la noche. Tienes un don."
Estoy cansada de este don. Que ni es un don, ni es fuego, ni es evasión. Ni son letras, ni es polvo. Ni es felicidad. Ni es luz.
Echo tanto de menos la luz...
Y que las frases encajen para poder haber terminado esto.
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