6/10/2015

Bucle.

A veces me sorprendo escribiéndote. Te escribo y te escribo y no soy capaz de leerlo. Sólo escribo. Y borro.
Me sorprendo bajando de un autobús a las ocho de la mañana llorando. Creí que ese sí me llevaría hasta tu casa.
Cada vez llego más tarde hasta mi puerta habiéndome acordado un poquito menos de por qué me pesan los párpados. A veces ni me doy cuenta de que ya es de noche. Hoy tampoco lo he leído. Ni estás en ese autobús, ni en esa puerta, ni en esa otra.
Me sorprendo feliz en mi cama. En la tuya. En el Retiro dando paseos. En la décima línea. Cantando; cuando te recuerdo cantando no oigo más gritos.
Y me sorprendo gritándote otra vez. Y volviendo de sopetón al silencio. El silencio es la pérdida de tiempo, a veces se convierte en el propio tiempo... A veces el cielo brama conmigo porque te echamos de menos.
Y me sorprendo teniendo calor.
Y queriendo ser canción para poder gustarte más.



No hay comentarios:

Publicar un comentario