8/17/2015

"Ahora tengo que aprender a estar solo. Y con ochenta años, uno ya no aprende nada."

Me pregunto si algún día dejaré de obsesionarme por el fin. No hago más que despertarme sobresaltada por el frío que desprende mi almohada, tras haberme visto pálida otra vez, sin vida otra vez. Me despierto creyendo que no volveré a despertar, que se va a acabar, que se acaba todo. Que no seré recordada, que no me echarán de menos. Me despierto ahogada. Y puede que esta angustia sea parte de mí, y que sólo pueda dejar de sentirla cuando entre en ella de pleno. Me sigo arrepintiendo por todas esas horas que perdí encerrada entre colchones. Los sitios a los que no quise ir. Me arrepiento de todo lo que no podré sentir jamás. De ser efímera. Pero me he deshecho de las nubes que han habitado en mi mente durante estos años. Lo veo todo. Y me han empujado con tanta fuerza, que se ha fundado una tormenta aquí mismo, dispersando la humareda. Ha llovido, ha despejado. Y me he quedado sola en medio de esa quietud. Suspensa, apática. Al menos cuando mi cielo se enfurecía, creía que lo podría sentir todo en algún momento. Tal vez, algún día.

No hay comentarios:

Publicar un comentario