Es lo más difícil con lo que me toparé, estoy segura. Ni buscar empleo, ni encontrar a un hombre que me soporte para el resto de mis días. Ser, ser yo, ser la mejor versión de mí misma. Ese será el único examen que no lograré terminar jamás. No habré podido dejarlo de lado mañana, ni pasado. Ni en veinte años habré zanjado la dedicación. Es el trabajo por el que más he sufrido y por el que más veces he querido renunciar. Tirarlo y ya está. Romper la hoja en dos, arrugar los pedazos, tragármelos y que nadie sepa de dónde vine, qué palabras he querido no pronunciar, los errores, los deseos. Los más oscuros. Por los que me sentí culpable. Los que me costaron trozos de piel, cuerdas vocales obligadas a no vibrar. Sí, me callaron a golpes. Pero no me callaron, nunca lo harán. Sólo les dí esa satisfacción temporal. Porque mamá, papá, vosotros no habéis hecho este trabajo. Vosotros no habéis construido a una persona. Este trabajo es mío, y durará hasta el día en que deje de respirar. Este trabajo es mío, y ya no me importa más si os parece suficiente. Porque para mí, lo es. Es más que suficiente. Este trabajo soy yo. Y a mí, ya no me vais a arrancar las páginas. A veces me veo rodeada de cabezas llenas de opiniones ajenas, de contradicciones, y me gratifico leyendo mentes propias, mentes cultivadas. No una fea copia de otra fea copia. La educación es lo único que puede salvarnos de convertirnos en máquinas idénticas, que corren hacia el precipicio de sí mismos, sólo porque les han dicho que esa es la dirección correcta. Y ellos, han confiado. Porque quién desconfiaría de su creador. Sin él no tendrías siquiera oportunidad de dudar. Y esa duda que te alimenta como persona, y no como algo que existe, como ser VIVO, es la que nos arrebatan. Nos obligan a dejar de pensar para que sea más fácil y rápido llenar el camino de borregos. Borregos que luego se atreven a ser egocéntricos sin reconocerlo, porque cómo van a verse a sí mismos si no saben qué coño está pasando a su alrededor. Que luego hablan a los niños como si fuesen estúpidos, que maltratan al resto de seres por verles como inferiores, cuando son estos los que nos permiten sobrevivir.
A lo mejor he estado equivocada, y no es la educación lo que nos puede salvar. A lo mejor sólo podrá nuestra propia extinción. Y será entonces cuando pida perdón, porque estaremos yendo por el buen camino, y lo estaremos haciendo bien.
No hay comentarios:
Publicar un comentario