9/27/2015

I really do hope that you're happy.

Me estoy arrancando los trozos de piel en los que me tatué tu nombre. 
Y vuelvo.
A que no salgan las palabras. A esnifar en baños públicos de luz azul. A pasearme por la agenda de contactos. A borrarte, después de haberte memorizado. "La última vez. Una última vez." 
Pero odio el engaño. 
Así que ahora huele a lluvia todos los días y le doy la espalda a las puertas por las que quiero salir. 
Quiero salir de ti.
Quiero que las melodías tristes dejen de hacerme sonreír. 
Pero odio engañar.
Así que... me costará admitirlo, sobre todo después de darme cuenta de la manía que le he cogido a esa estúpida serie americana que tanto os gustaba. A los cuadros de Van Gogh, a The Kooks, y a las prendas que aún conservan tu olor. Si hubieras visto la cantidad de veces que he puesto lavadoras este último mes te reirías de mí. Y me costará admitirlo porque no sé despegarte, porque sigo acelerándome al imaginarte saboreando otra piel. Y me odio por pensarlo, me odio por no odiarte, por desear que seas feliz. Que se enamoren de ti, no, que se empapen de ti, que te vean como te veo yo ahora, al cerrar los ojos. Y que no se les olvide decírtelo, como se me olvidó recordarte. Que sigan la cuenta de tus lunares por donde la dejé. Que consigan averiguar cuál es el maldito color de tus ojos. Que ya no te acuerdes del sabor del desprecio, de cómo era ser serio. 
No creo que seas consciente de cómo lo siento.
Y de cómo me habría gustado callarlos a todos. Haberme quedado de pie un rato más, sin arrastrarte a tocar fondo. 
Que... que nunca más te descoloquen las piezas. 

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