10/18/2015

Siempre te estás preguntando cómo será la vida de la gente con la que te cruzas en el metro, pero ¿has pensado alguna vez si ellos se preguntan lo mismo al verte a ti?

Salvarse a uno mismo es invisible. Supone fuerza, ganas. Realmente debes tener ganas de vivir, de vivir, y verte solo, caminando solo, hablando solo. Me hablo todos los días, a todas horas. Me digo que puedo. Que puedo valer. Me repito... me repito demasiadas veces. Me digo que puedo valer. Me lo repetiré todos los días, a todas horas. 
Siempre espero que alguien se siente y escuche. Que alguien entre. 
Espero. 
Espero.
¡Estoy harta de que nadie valore nada de lo que hago!
Me dejo caer. 
Dejo la puerta cerrada.
Pero sigo esperando. Que alguien entre.
Que alguien les contradiga. Que les contradigan. Que les contradigan. Puedo valer. Puedo valer. 
Espero.
Les hago caso. 
Pero sigo esperando. Y abro la puerta, un poco solo.
Pero espero. Aunque no sea paciente. Aunque les de la razón.
Que alguien vea el esfuerzo. Que escuche.
¡Y quiero que leas cada frase y que no se te escapen las letras! 
Te espero.
No, quiero decir
Te quiero.
que espero.
Espero...
A que venga a arreglarme. ¿Alguien?
Pero... "El descenso al infierno es fácil". Y "puedo valer".
No puedes compararte con nada porque eres todo. Ni con las melodías porque tú eres la música. Ni con los tonos, o los matices, porque ocupas todo ese espacio y lo sobrepasas.
Cállate. ¡Cállate!
No puedes compararte con los pedazos del arte porque tú eres el arte.
Eres mi pequeño universo.
Quiero guardarnos y poder vernos todos los días. Te quiero. ¡Te quiero!
Odio el color verde. Odio las fresas. Odio que nadie valore nada de lo que hago. 
Intenta contar las púas de un erizo. 
Eres tremendo, cariño.
Odio hacerme daño.
Y ojalá pudieses tocar ese te quiero y recrearlo, ponértelo en el dedo, llevarlo metido en tus oídos para seguir repitiéndotelo y que no dejes de recordarlo. 
Odio esperar sola. Odio ver pasar las horas. ¡Me odio!

9/27/2015

I really do hope that you're happy.

Me estoy arrancando los trozos de piel en los que me tatué tu nombre. 
Y vuelvo.
A que no salgan las palabras. A esnifar en baños públicos de luz azul. A pasearme por la agenda de contactos. A borrarte, después de haberte memorizado. "La última vez. Una última vez." 
Pero odio el engaño. 
Así que ahora huele a lluvia todos los días y le doy la espalda a las puertas por las que quiero salir. 
Quiero salir de ti.
Quiero que las melodías tristes dejen de hacerme sonreír. 
Pero odio engañar.
Así que... me costará admitirlo, sobre todo después de darme cuenta de la manía que le he cogido a esa estúpida serie americana que tanto os gustaba. A los cuadros de Van Gogh, a The Kooks, y a las prendas que aún conservan tu olor. Si hubieras visto la cantidad de veces que he puesto lavadoras este último mes te reirías de mí. Y me costará admitirlo porque no sé despegarte, porque sigo acelerándome al imaginarte saboreando otra piel. Y me odio por pensarlo, me odio por no odiarte, por desear que seas feliz. Que se enamoren de ti, no, que se empapen de ti, que te vean como te veo yo ahora, al cerrar los ojos. Y que no se les olvide decírtelo, como se me olvidó recordarte. Que sigan la cuenta de tus lunares por donde la dejé. Que consigan averiguar cuál es el maldito color de tus ojos. Que ya no te acuerdes del sabor del desprecio, de cómo era ser serio. 
No creo que seas consciente de cómo lo siento.
Y de cómo me habría gustado callarlos a todos. Haberme quedado de pie un rato más, sin arrastrarte a tocar fondo. 
Que... que nunca más te descoloquen las piezas. 

9/16/2015

Nunca dieron la cara por mí. Nunca se alzaron y gritaron por mí. Ni me dieron las gracias cuando lo hice. Lo hice, tantas veces. Y lo haría tantas otras. Pero nunca dieron la cara por mí. Creo que no darían ni un lamento. Sólo me robaron. Me dejaron tirada en medio de la nada. Y cómo sabían que la aborrezco, que siento pánico cuando me abraza. Y ahora dónde están todos mis amigos. Dónde están todos. Ahora he perdido al ser humano que prestaba atención. Y adónde voy. A quién pido auxilio.
Sólo sé quedarme muy quieta, erguida en el mismo asiento de la última fila, sintiendo dolor en el cuello por mantenerlo recto. Sé apretar los puños y clavarme las uñas en las palmas con fuerza. Sé cascar mis muelas por apretar la mandíbula, si el recuerdo es demasiado humillante. Y les pediría que me devuelvan mis secretos. Mis inseguridades. Que me devuelvan el apetito. El consuelo. Pediría que me devuelvan al ser humano más brillante de mi mundo. Pero ya me avergoncé de mí misma durante demasiado tiempo. Pasaré el resto de mi vida buscando belleza en otras manos y al ver las mías envejecidas la buscaré en fotos antiguas. Y volveré a cerrar los ojos para entender los colores. Y a pensar que soy estúpida. Que soy una guerra desencadenada en una mota de polvo. "Y si". Pero no sé. A lo mejor nunca les amé. Sólo quiero que se queden mis cachos. Que se los lleven y les enseñen, que una vez existí. Y yo me habré quedado vacía de mí y llena de ellos. Y me convertiré en la persona que tocará las últimas pieles. ¿Es eso crecer? Por lo menos ya no me escondo. Observo a la gente correr. Y yo todavía no puedo dejar de moverme levemente de un lado a otro al verles desde tan lejos. 
Me muevo. ¿Entiendes lo que es eso? ¿Entiendes que ya no me paralizas?
Créeme, me da más miedo que a ti. No puedo dejar de preguntarme si a estas alturas sigo mintiéndome a mí misma. O si siquiera podemos llegar a mentirnos. O si realmente no sabemos hacer otra cosa.

9/09/2015

Hoy hace sol y no puedo dejar de inspirar profundamente para no dejar marchar el olor a incienso. Ni de mirar, constantemente, cada cara, cada mechón que se apoya en cada hombro. La variedad en los tonos de pelo, en las arrugas que se forman en la frente de las madres. En las comisuras. Las manos agarradas. Colores, ropa raída en los tendederos. Y percusiones que vuelan despacio. Me persiguen hasta en los vagones, donde una chica sentada en frente de mí no se ha maquillado las cuarenta y siete pecas que se extienden por su rostro. Y más risas de fondo. Cómo adoro esos sonidos. Nunca suenan idénticos. Pero hoy espero. Sentada. Absorta. A que me invada un sueño menos gris. Hoy he tenido que recordarte, y ya no podía aguantarlo más. Hoy te echo de menos. Como este asfalto que desprende calor cuando ha habido tormenta. Soñé que te follaba avergonzada. Que me recuperaba y que no podía aguantarlo más. E intentaré olvidarlo como la pesadilla que tuve hace tiempo y revoloteó por mis paredes durante unas horas. He soñado que no podía correrme si no era pensando en ti. Y tus facciones se acrecentaban en sus rostros conforme intentaba borrarte. Como la humedad del aire que todavía es capaz de mojar mi ropa, y se pega a ella y la zarandea para que no se desprenda. Dejando de silbar, pero aún siento frío. Y se ha cansado de andar conmigo, despidiéndose a través de nubes convertidas en cuadros de Dalí. Hoy lleno mi cama de infusiones frías y de ceniza con restos de hachís. Y oigo mi voz como quien atiende al sonido del papel quemado. Y pienso en aquello que te dije: "Te he querido hasta cuando te he odiado." En lo que te decía sin llegar a hablar, que si tuviese el talento necesario, escribiría todos los poemas, pintaría todos los cuadros, compondría todas las canciones, esculpiría todas las esculturas y detallaría cada obra de arte para representar todas las sensaciones que me causas. Pero hoy me doy cuenta de que por cada día que paso sin poder verte, me aclaro y me despisto.

8/19/2015

Me dicen que la gente es estúpida y que por eso pasan estas cosas. Que son todos imbéciles. Que no le de más vueltas.
Y qué hago yo ahora con esta impotencia.