Sé que debería acostumbrarme a sentirme así. Tan inútil,
insignificante, pequeña. Si desapareciese nadie se daría cuenta. Puede que
incluso se alegrasen.
Y me lo repito cada día, trato de hacerme a la idea. Pero
sigue pareciéndome una extraña sensación, de la que no consigo desprenderme
nunca.
Y estoy francamente harta, cansada, y rota.
Llevo años, por no decir toda mi vida, intentando escapar.
Porque realmente necesito escapar. Y dejar atrás esos gritos e insultos, las
voces que no paran de repetirme constantemente que he fracasado en todo. Que no
sirvo para nada, salvo para estorbar.
Llevo todo este tiempo buscando mi sitio.
Y soy consciente de que en realidad no existe un sitio para
mí. Porque el problema soy yo. Y nunca podré desprenderme de mí misma, hasta
que consiga morir. También soy consciente de que no valgo, de que soy una
completa inútil. De que molesto siempre, tanto a mis amigos como a mi familia.
Especialmente a los que tienen que obligarse a sí mismos a estar conmigo.
Pero es tan difícil a veces.
Que no puedo evitar rendirme.
Y derrumbarme.
Y llorar.
Otra vez, sola, vacía. Un fracaso.
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