Es uno de esos lugares en los que puedo ser yo, únicamente al alejarme del gentío y rodearme de múltiples dosis de sueño, de palabra, de esa cárcel que tanto que me encanta.
Aunque me gustaría poder saborear lo que los demás, y no tener que correr cada vez que me siento algo normal. Pero no puedo evitar echar de menos mi verdadera identidad, sola, oscura, como los últimos rayos de sol que se vislumbran entre la maleza y los arbustos de mi sombrío escondite; que a plena vista puede parecer incluso precioso, y todavía no saben que se trata del inicio de los miedos y las lágrimas que absorben las almohadas. El crepúsculo que transforma la luz que me descubre en aquello que me mata y me consuela.
No hay comentarios:
Publicar un comentario