No solo me sentía como una miserable cuando hablaba de la extremada belleza de otras mujeres. Me había sentido horrible, por dentro y por fuera, toda mi vida. Al fin y al cabo la voz de aquellos que se encargaron de demostrármelo en su momento no dejó de retumbar para recordármelo durante el resto de mis días. Pero que no saliera de su boca por favor; no así, no allí. Para volver a deshacerme en pedazos y chocarme, y decirme a mi misma por millonésima vez "¿pero cómo has podido pensar que ibas a importarle a alguien, que le importarías lo más mínimo?". Que no es un asunto físico, ser tan despreciable, darse tanto asco, es repugnante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario