Ser invisible tampoco era una novedad. Sobre todo durante los días de entre semana. Escondiéndome en el bullicio de la gente del metro, confundiéndome con el resto de estudiantes al entrar en la universidad... Y lo cierto es que normalmente era una sensación agradable.
Por otra parte acostumbrarse a algo supuestamente negativo implica empezar a formar parte de ello sin querer. Incluidos los momentos en los que deberías estar más a gusto con tu alrededor; los momentos que pasas con amigos o familia. Y cuando estos notan que algo no va bien, cuando se dan cuenta de que ya no participas tanto en las conversaciones y que les ves pero no les miras, se preocupan. Es algo obvio, ¿no? Tus seres queridos pretendiendo saber qué te pasa. Siempre esa pregunta en sus mentes. Qué me pasa.
Es que a veces no pasa nada.
Y es entonces cuando te vuelves invisible también para ellos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario