Cuando el dolor emocional se transforma en dolor físico
en una punzada literal que recorre mi cabeza
y las paredes que he construido a base de niebla
me nublan y me llenan.
Hasta el punto de que una caricia me desgarra
y las brasas no me queman.
Opresión que me libera,
gritando callada
sin mirar, sin sentir
y sintiéndolo todo de golpe.
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